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Receta: "Y tú ¿que traes a la mesa?"
Por: Iliana Berezovsky y Becky Krinsky

En un café muy concurrido en una calle central de la ciudad, donde abundan los zapatos de taco alto y la ropa de marca se encontraban sentadas cinco amigas, conversando entretenidamente entre risas, lamentos y reproches Maribel, la más atractiva de las cuatro amigas hacía poco que se había divorciado y vivía con cuatro hijos bastante problemáticos. Se trataba de una mujer con un carácter muy difícil, demandante e impaciente, sin una carrera ni profesión ya que nunca había tenido la necesidad de trabajar. Les comentaba a sus amigas que estaba buscando un nuevo marido. La lista de requisitos para este hombre eran las siguientes: "quiero un hombre apuesto, millonario y que me adore, que no le importe que tengo cuatro hijos y que se los aguante".

Jessica, una rubia con ojos verdes muy seductores se quejaba de que sus pretendientes no estaban listos para tener una relación formal con ella. Incluso el ultimo de ellos le decía que la adoraba pero ni siquiera estaba divorciado y no parecía tener ningún apuro por hacerlo. Jessica se entregaba a las relaciones y trataba de comprender y justificar al comportamiento de sus amantes pero nunca se detenía para pensar cuales eran sus propias necesidades, ni se dedicaba a buscar parejas que le pudieran dar lo que ella pretendía.

Graciela, la morena divertida del grupo, decía que ella por fin se iba a divorciar ya que no soportaba más a su marido, hacía mucho tiempo que ya no se reían, desde que él perdió todo su dinero vivía deprimido, no se interesaba en ella o sus hijos, cuando estaba en la casa solo miraba el televisor esperando que Graciela se callara después de darle a él una lista larga de reproches y de promesas incumplidas.

Graciela no trabajaba ni tenia estudios. Se había casado a los dieciocho años y al poco tiempo quedo embarazada. Se dedico a cuidar a sus niños pero aun luego de que estos crecieron, no hizo nada por su crecimiento personal o por ayudar a la situación económica.

Minerva, la intelectual, muy desaliñada y con un sobrepeso notable, decía que ella solo saldría con un hombre culto, que disfrutara de la buena comida y las largas discusiones de política, y que por supuesto fuera muy apuesto y que no le faltará el dinero.

Katia la quinta de las amigas, habia estado casada por casi 25 años. Su matrmonio estaba lejos de ser perfecto pero la pareja luchaba diariamente por mantener viva la relación. Trabajaban duramente para poder pagar las cuentas y por poder educar a sus hijos lo mejor posible. Katia escuchaba pacientemente las demandas, los reproches y los lamentos de sus amigas, finalmente exclamoo ¡tengamos piedad por los hombres! Todas las mujeres guardaron silencio y Katia les preguntoo: "Y ustedes… ¿que traen a la mesa? Sean realistas. Estoy escuchando todo lo que sus parejas no les dan, todo lo que ustedes necesitan, todo lo que desean, pero en ningún momento escuché qué es lo que ustedes aportan , qué es lo que han hecho para ayudar a que sus relaciones mejoren, que están dispuestas a cambiar y dar para que las relaciones funcionen. Sueñan con el hombre perfecto, pero creo que sería bueno que comenzaran por ver quienes son ustedes. ¿Acaso son aquella mujer con la cual el hombre de sus sueños quisiera estar? ¿Qué tienen para ofrecer antes de comenzar a exigir? En esta vida más que pedir hay que dar para después poder recibir a manos llenas." Las cuatro amigas se quedaron en silencio.

Recetas para la vida™

Que puedo dar yo

  • 1 taza de Realismo
  • 2 tazas de Aceptación
  • 1 manojo de Expectativas
  • Ojo Noble y Ojo Crítico según sea necesario
  • 2 cucharadas grandes de Dedicación
  • 1 paquete de "Lo que yo puedo dar"
  • 5 gotas de Paciencia
Condimentos:
Tranquilidad, buena voluntad, positivismo, alegría.

Modo de preparación:
Que puedo yo ofrecer, es sin duda la acción más bella y significativa que una persona puede tener. Un cocinero inteligente es aquel que reconoce que el verdadero propósito de la cocina de la vida, es cuando se comparte las delicias, se mejora sus viejas recetas, y transmite calor y gusto por la vida, impregnando un rico y fresco sabor en el alma.

Cuando se tiene el suficiente valor para aceptar la realidad de uno mismo, entendiendo lo que verdaderamente necesita, sin fantasías, mejorando aquello que es posible cambiar, y siendo realista con las expectativas, entonces se el cocinero esta listo para abrir las puertas de su cocina. Cuando el cocinero puede balancear entre el ojo noble con el que se mira al otro con bondad y sin prejuicio, con el ojo critico con el cual se evalúa a si mismo y revisa con objetividad los más íntimos detalles propios, es cuando verdaderamente el cocinero trae a la mesa lo mejor que él puede aportar, recibe con gusto lo que se le ofrece sin cuestionar o reprochar. Es así como el cocinero seguramente podrá mantener una relación real, firme, estable y duradera.

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¡Ya tenemos las tarjetas, pídelas!